Y es que, je, el otro día, si nos descuidamos, nos morimos por ingestión de veneno en las dos entràs a las que fuimos a tocar. La primera, en Enguera, la hicimos separados en dos grupos de 20 o veintitantos y, bueno, hicimos una engorriná pero quedó bien. Tras tocar, fuimos a un patio que parecía segoviano y nos dieron un lunch con pizzas, empanadas, papas y demás. Pa engañar el hambre, tira que te va. Lo que pasa es que algunos engullimos como boas y a destajo y casi que como cena, pues podía pasar.
Lo que pasa es que luego teníamos que ir a Anna. Cuando llegamos allí, con tiempo, buscamos algún bar pa echar un bocao. Bueno, pa echarlo Jose que era el que tenía hambre. Entramos al bar y cocina cerrada. Entramos al siguiente y lo mismo. Cada vez con menos tiempo disponible y viendo que el panorama de bares estaba chungo, entramos a una horchatería.
Capricho's se llamaba; realmente se podría llamar
Caduco's. Entramos y yo voy al toilet. En el tiempo en que meo, salgo y éste ya se había afeitao tres fartons. Me pregunta:
- bueno, tú no tenías hambre, ¿verdad?
- hombre, un par de fartonsicos si que me comería y eso...
Y cuando me siento y cojo un farton, diossss, aquello parecía un pedazo de corcho. Más seco que una momia de cecina y con más moho que el contrachapado del titanic. Uhhh. Cuando se lo enseño a Jose, jeje, lo mira y dice: "uy, pues me he comido los otros tres como un señor". Cojo el paquete y busco la fecha de caducidad y, oh dolor, oh fortuna, chan: caducaban el 12 de agosto. Si hubiéramos estado en la Vila, en el mig any de Bocairent o Chella, pues, oye, vale. Pero estando en Anna, a 16 de septiembre, ishhh. Así que me levanto con el farton -cada vez más pétreo en mi mano- y le digo a la mujer de la barra que si no tenía fartons más actuales.
- ay, ya me he dado cuenta, ya
Y me saca el otro paquete que tenía y, jajaja, ese caducaba el 6 de agosto. Rápidamente acuden a mi mente una sucesión de ideas evidentes: va poquita gente a tomar horchata con fartons a ese sitio y, bueno, no es que estén muy al día con los pedidos y tal. Pero bueno gestiones empresariales aparte, la cosa es que la mujer, dicharachera y alegre me suelta:
- va, ese paquete no os lo cobro.
JAJAJA, nos esclafamos, como es obvio. Entre risas silenciosas -tampoco era cuestión de descojonarnos a viva voz- pido una ensaimada rellena de chocolate para acompañar la horchata. Que, ché, hambre no tenía pero me quería meter algo sólido a modo de postre. Craso error porque pensando en los fartons de antes, me empiezo a comer la cabeza hasta tal punto de que me cae mal y todo lo que me había tomado. Tal es el malestar que, lejos de curarme tocando (como pasa siempre) me entra un dolor de cabeza que flipas. La primera entrà en la que acabo jodido. Raro, pero fue así.
Entonces, entre que iba más pocho que un higo en noviembre y que la noche de antes había dormido poco y mal -Jose igual o, por lo menos, parecido-, los cuatro cubatas que nos hicimos luego nos terminaron de destruir. A las 4 y poco nos íbamos a la cama -en casa del grandísimo Roses- cuando, de normal, hubiéramos podido aguantar hasta las buff. Lo relativamente bueno del tema es que en
Keops (la discoteca de Chella) era la fiesta Burn y me tocó una funda para compacts que regalé a Víctor y otra funda de compacts asquerosa que, habilmente, conseguí que me cambiaran por unos boxers que esos si que me los quedé yo.
Pa terminar, una foto
redimensionada 
de dos fenómenos: Roses y Víctor (con la venia).