Menuda panda de subnormales
Y es que, amigos, es demasié. O sea. Estoy otra vez cogiendo la flagoneta de Ricardo para ir aquí, allá y acullá. Estuve unos días cogiéndola allá por mayo pero, claro, por cuestiones de tiempo (siempre terminábamos más tarde de la hora y venían las prisas para volver) dejé de cogerla. Y estos días, como Ricardo está de vacaciones en su otro trabajo, pues vuelvo a las andadas. Bien.
Lo que pasa es que ahora es cuando me estoy dando cuenta de lo mal que se conduce en este país. Y de la cantidad de hijos de la grandísima puta que hay por la carretera. Paso a los hechos:
1.) En la desviación nueva que hay en Buñol, en raya contínua, cuesta bajo y poca visibilidad, me pasó un subnormal con un coche negro viejo, maqueón y con una música dumba-dumba a toda pastilla. Ahí tenemos al primer imbécil que pasa a una flagoneta del año que atacaron y le viene justico ir a 60 y el tío con cara como de satisfacción.
2.) Después del pingajo este del número 1, en la isleta que hay que hacer para entrar al pueblo -oye, que tengo que ir a casa- se me cuela uno por el carril de fuera y, zas, se mete por donde iba a meterme yo. De milagro que no me pega (o le pego yo, porque aún no lo tengo claro) y de nuevo el comentario de la furgoneta: "otro subnormal".
3.) Bueno, en este apartado meto a los gilipollas que se creen que eres adivino. En las rotondas con ceda el paso, ché, cabrones, si vais a meteros a izquierda o derecha, dadle al intermitente. Que no cuesta una puta mierda. Así, no se impide que tengas que frenar y hasta parar cuando, perfectamente, si marcas, se te ve y el que viene a tomar la glorieta -en este caso yo- pasa a las mil maravillas sin reducir ni nada. Vamos, que soplapollas mil.
Como veréis, he incluido este artículo en "general" porque, por desgracias, esto se da todos los días y a todas horas. Que lástima que no se conduzca como en, no sé, Inglaterra por ejemplo. Que aunque conduzcan al revés, conducen como mandan los cánones.
Viendo hospital central con un dolor de cabeza que a media tarde era de tres pares de cojones y ahora es solo el recuerdo. En acabar la serie derechito a la cama, sin pasar por la salida y, por supuesto, sin cobrar las 20.000 cucas.
