Otra cosa no sé,
pero a comer bien no me va a enseñar nadie. Que os lo digo yo.
Son algunas las veces que me quedo solo en casa y me toca hacer como Juan Palomo: yo me lo guiso, yo me lo como. Lo que pasa es que mis dotes culinarias tienden a cero y eso es jodido. Menos mal que vivimos en una sociedad más o menos moderna que tiene cosas precocinadas y tal como pueden ser pizzas, canelones y mil cosas más. Hasta aquí, bien.
Ahora es cuando entra el gran chef que llevo dentro. Yo me compro una pizzica de esas de una persona; al microondas 3-4 minutos y listo. Como es tan paupérrima en sí misma la pizzica en cuestión, la adorno. Me cojo unas cortás de jamón york, otras de queso (que hoy ha sido Edam), cebolla natural, aceite de oliva y orégano. Y añado todo encima de lo que ya viene con la pizza. Metes eso al microondas y es que huele a pizzeria y todo. Y bueno, vitaminas, calorías y que te quedas como un roque, por descontado.
Así es que, amigos, si queréis un consejin, es que más vale que adereceis las pizzas estas -que alguna vez habréis comido- con lo que digo o con otras cosas para completarlas y, ché, para hacer propaganda. Que si descubrís alguna mezcla maravillosa yo la haré y ya os diré.
A terminado "als moros vells" y empieza "no ho faré més" pero voy a quitar el ordenata porque tengo un calentón de fuente de alimentación que flipas. Y pa que se apague solo, lo apago yo. Que descanse hasta la noche.
Ah, por cierto. Me he comprado un Nokia 3220. No tiene nada que ver con lo escrito hoy, pero bueno, como escribo lo que me sale de los huevos...
