La tristeza de un gato
Amigos, ya estoy de vuelta. Tras este largo período de descanso de blog, vengo de nuevo con bastantes batallitas e historietas que contar.
Como todos sabemos, he ido a tocar a moros y cristianos. Primero a Castalla y luego a Villena. 5 días a cada sitio. Con los Maseros en Castalla y los Ballesteros en Villena. Aquí os pongo una afoto que sale en la página web de Castalla donde estamos nosotros

Ha sido una verdadera suerte que pudiera coger las vacaciones para irme a tocar. Y es que, han sido unas vacaciones de miedo. Ya el día 26, creo que os lo conté, me fui a tocar a Ontinyent y cogí una castaña de palometas de miedo. Pues bien, empalmé con las fiestas de aquí y hasta el martes 30 por la noche la tónica era siempre la misma: a los chiringuitos y contento a casa. Y ya vino el 31 y la seguí en Castalla. Todas las noches de marcha. Llegó Villena y descansé dos noches ya que estaba hecho polvo. Pero las otras dos salí como un campeón. A los piratas.
Total. Que llegaba en la madrugada del sábado a mi casa. Y, hecha la ley, hecha la trampa, pues que salí también de fiesta anoche. Vamos, un tour de 15 días saliendo sin parar.
Ahora, para concluir, explicaré por qué he titulado así el artículo de hoy. Resulta que saliendo de Villena vimos un dos pequeñas figuras en la carretera; una no se movía y la otra solo se movió cuando estábamos casi encima. La figura que no se movía era un gato blanco, con collar rojo. Tumbado de costado, inerte. La otra era un gato a rallas grises claras y oscuras que estaba al lado, inmóvil, esperando, no sé, quizás a que el gato blanco se levantara. Me dio una pena inmensa ver ahí a esos dos gatos. Uno recientemente fallecido y el otro sumido en una pena terrible. Fue un punto negro que concluyó con los moros de este año.
Primavera es el pasodoble que suena ahora mismo por los altavoces.
