Un día largo
Ayer, amigos, fue un día largo. Pesaico.
A las 7 de la mañana levántate para coger el tren de las 8 que va a Valencia. Me examinaba de la oposición a subalterno de la generalitat. Toda la mañana enredao. Aunque fijaos que, oye, creo que he aprobado y todo. Era un examen bastante fácil. Pero bueno, ya veremos.
Entonces, cuando ya iba a volverme para casa me dice Jose que tiene bolo en Sagunto. Allá que me voy. Sin llegar siquiera a casa, me recoge y ale, a Saguntum. La putada es que va y les faltaba un trombón. Si lo llego a saber, cojo el mío y pem, a tocar. A la próxima no me pasará. Así que él se pone a tocar y yo a ver la entrà. Cuando acaba yo me había mamado 5-6 palometas y llevaba una castaña considerable. Eran las nueve de la tarde.
A cenar fuimos al foster hollywood. Después y para hacer tiempo, vamos a su casa a romansear. Descubrimos que la morocha (la discoteca de Chiva a la que vamos todos los sábados) estaba cerrada. Y nos vamos, así, a bote pronto, a la Queen. Lo que antes era Arabesco. Que estúpidas que son allí las tías, rediós. Toda la que pasaba te daba un empujón como si fueras no sé, una caja de cartón. Pingajas. La música estaba muy alta a nuestro juicio y los cubatas caros porque te los ponían en vasos de plástico. Pero se podía estar. Como no podía ser de otra manera vimos a gente que conocíamos.
Al final llegaba a mi casa casi a las siete de la mañana del domingo y nada, al sobre. Como viene siendo costumbre -y que dure- me he levantado sin resaca ni res.
