Y un rabo
Pero además gordo. Es mi opinión acerca del anuncio del butano repsol. Ja.
Todos sabéis que una de mis facetas es criticar (o alabar) anuncios de televisión. Por eso, cuando no tengo nada mejor que contaros, me dedico a ello. En esta ocasión mis garras literarias se ciernen sobre el anuncio mencionado arriba.
En el anuncio sale un butanero alto, rubio, guapo, de dentadura perfecta -y una mierda- que toca un timbre. Enfila al ascensor con la botella al hombro y ve el enorme cartel "No funciona". Levanta la mirada y la vista se pierde hacia arriba en unas escaleras cuadraformes. El tío, ladea la cabeza, levanta una ceja (como si tuviera medio as de espadas en el truc) y empieza a subir las interminables escaleras corriendo.
El primer obstaculo, en el piso nosécuantos, es una marujona emperifollada con cuatro dobermans sedientos de sangre. Sin despeinarse, dejar de sonreir y sin alterarse lo más mínimo, nuestro superbutanero coge cuatro galletas de perro (con forma de hueso, por supuesto) y las lanza milimétricamente a las bocas babeantes y temibles de los cuatro canes enrabiados. Mientras se entretienen rosegando los huesesicos, sigue su andadura hacia el último piso. Corriendo, claro.
El siguiente impedimento con el que se encuentra es un niño tretriquísimo con una pecera llena de canicas. Como si de un jefe final de un juego casposo se tratase, el infante levanta la vista y, con una sonrisa maléfica, deja caer el vidrio haciendo que se esparzan todas las canicas por el rellano del piso. A todas estas, un piso altísimo. Vaya. Butanito mira hacia los lados y, por una ventana abierta que pasaba un andamio de unos ¿albañiles? ¿limpiacristales? se zafa de la situación para llegar a su destino. Todo esto, y lo anterior, acompañado con una música frenética de estilo "mission impossible".
Cuando llega a la puerta en cuestión, toca al timbre. Le sale una mujer con los rulos en la cabeza y dice: "si yo quería dos" y superbutano, sin quitarse de su pétreo y musculoso hombro la botella que lleva, vuelve a levantar la ceja (ahora ya tiene la espada) y asiente con una sonrisita estúpida.
VA. Eso no se lo cree ni el/los soplapollas que ha/n ideado el anuncio. O sea. Es una utopía. Los butaneros que na menos que están más puteados que la hostia y les viene justo decirte lo que vale la botella y devolverte, ahora me pretenden hacer creer que te va a subir a casa la bombona y, además, si le habías pedido 2 te la va a volver a subir. Jojojo.
Para empezar, la reacción del butanero es esperar a que bajes a la calle a reoger tu botella. Como mucho, a las mujeres mayores -por que yo lo he visto- les pueden subir la botella hasta la puerta de la finca o el ascensor a cambio -nunca lo dicen pero sabes que está ahí- de una pequeña gratificación. Sino de qué. Por eso, cada vez que veo el anuncio me entra una extraña mezcla de sentimientos en donde no sé si predomina la risa, el escepticismo, la ira o las ganas de potar directamente.
Mamma mía. Menos mal que ahora va a empezar Manolo Escobar a cantarme "Churumbelerías" y voy a relajarme cantando con él.
