Y allí estaban, esperándome
Esta mañana, tras llegar de fiesta he intentado escribir este artículo. Eran las 7.41. Pero no he podido hacerlo por dos razones: me bailaban demasiado las teclas y hacía demasiado ruido y no quería despertar a nadie. Así que lo escribo ahora.
La verdad es que la noche empezó lenta y acabó con más ritmo. Salí casi a las 2 tras cenar copiosamente y beberme una serveza y media botella de Ribeiro durante el evento. Vamos, que ya iba entonaico.
Llegué al wins (cuando veáis nombres así "raros" es porque hago alusión a locales de por aquí) y allí que estaba Jonatan y cía. Me sumé a ellos en esa causa noble que conocemos como irse de fiesta. Estuvo guay la cosa porque tanto Jonatan como yo hicimos rondas de cubatas hasta altas horas de la mañana. La primera en wins, la segunda en el golpe, otras dos en el wins y tres o cuatro en misti-k. O más, ya ni me acuerdo. La cosa es que a las seis y pico solo quedaba ambiente en el misti-k este. Y allí que estuvimos apurando.
No sé como estuvo la cosa que, al rato, nos fuimos al coche de Jonatan porque iba a subir a su casa a unas amigas. Me senté en el asiento de atrás con una chicona que conocía de vista y empezó a contarme que vivía por blasco ibáñez en Valencia ta-ta-tá. Iba chata. Lo que me sorprendió es la fidelidad que tenía la jamba; le propuse que nos enrolláramos y tal. Ay no, que tengo novio no sé qué... y yo, a lo clásico, pero yo no voy a decir na bla bla bla. Y así quedamos: cero cero y la pelota encalá en el tejao del tío traca. Pero casi.
Tras esto, ya eran las "siete y" y volvimos otra vez al misti-k. No había ya ni música, pero nosotros entramos a la carpa. A ver el solaje. Y, pem, allí estaban esperándome. Muy sucios (debido a que los habrían pisado cienes de personas) y mal plegados, pero allí. En tierra. 20 €uricos. jeje. Señores y señoras, tengo un sexto sentido. Es innegable. Un pedo que te cagas -benigno, porque me he levantado sin resaca aunque algo blandico- por 10 €uros y casi pillo cacho y tó. A ver si pa el sábado que viene tengo más suerte y me encuentro más perras y me acabo haciendo a alguna tía que, joer, ya me toca. Hòstia.
