Las crónicas de Narnia

Estamos ante un cócktel de películas; cogemos la historia la interminable y le cambiamos que fantasía está desapareciendo por un eterno invierno. Del señor de los anillos, nos quedamos con las batallas y los paisajes. De Dragones y Mazmorras (pero los dibujos que eran los que molaban, no la peli que da grima) extraemos el que el amo del calabozo les da armas mágicas a los protagonistas; aunque en Narnia las armas las trae papa noel. Vaya. Si nos vamos a Willow veremos que los protagonistas son "enanos". Del rey león no diré nada, jurjur, no quiero dar pistas.
Realmente estamos ante otro sacaperras navideño donde se disfruta con los buenos efectos especiales, la buena música (del amigo Harry Gregson Williams) y el despliegue de escenarios. La historia en sí es muy de chichinabo: estalla la segunda guerra mundial (o la primera, porque no lo dicen) y cuatro niños huyen de nosédonde (porque tampoco lo dicen) a casa de un profesor que tampoco se sabe la relación que tiene con ellos. El caso es que, jugando al escondite, la hermana pequeña encuentra un armario tapado en una habitación vacía. Como la curiosidad mató al gato y es la madre de todas las ciencias, allá que lo destapa y se mete yendo a parar, qué casualidad, al reino de Narnia. Lógicamente, todos están predestinados según la profecía a salvar el reino.
Con un final muy previsible y, a la vez, más soso que la dieta de un hipertenso, se te pasan las dos horas y poco que dura la película muy rápido. Vamos, por lo menos a mí. Recomendable para niños y niñas de hasta, mmm, no sé, unos 14 años.

El swyx está aquí — 2006-01-11 00:57:32