Saber comer (y beber)
En otras ocasiones os he comentado como aderezar una pizza de estas frescas para que quede de puta madre, que cuando vamos al chino Lu-Cheng (vengo hace nada de ahí) comemos comida china auténtica y, el otro día, que los italianos no molan mucho. Bien.
Veréis. El sábado nos juntamos unos alumnos y unas alumnas de la academia donde vamos a clases de salsa para hacer una cena y después ir a bailar. Paralelamente, había una cena de la academia en sí. En Peñasol (no sé si os sonará pero a mí desde luego no) que es un salón así muy elegante. Caro, vaya. El cubierto valía la friolera de 33 €uronapo$. Debía de estar todo muy bueno, suculento y sucoso. No lo dudo. Pero nosotros y nosotras fuimos a un bar que se llama "Blanc i negre" de allí de Alginet y, ché, de que te cagas. Una picaeta buena con bravas, sepia rebozada, calamares, cacaicos y olivicas (en diminutivo buñolero porque queda más auténtico) y para beber jarras mil de serveza y sangría. Yo me aticé entre pecho y espalda una tajá de ternera señorial, con su guarnición de patatas y verduras. Los demás, más o menos igual quitando alguna chica que se comió un sandwich o cosas así. Por cuidar la línea y tal. Luego nos hicimos un cubata y un chupito. Resultado: a la 1.00 a.m. sales del bar con un pedo ya más que decente y comido de categoría. Todo por 17 €. Justo la mitad. Tras todo esto ya nos metimos a bailar de Tropicana y, nada, pues todos con todas y una noche de puta madre.
Dos días antes, y cambiando un poquito de tema, estando en el local donde trabajo me dijeron si quería merendar. Pues sí, poque ya tengo hambre. Qué has dicho! Me casqué media berenjena rellena, un churrasco a la brasa y un pedazo de tarta de queso con sirope de chocolate. Eso es lo que sobró del menú diario. Cuando sobran más cosas se guardan en la cámara -perfectamente tapadas en plástico y cumpliendo con todas las medidas de higiene habidas y por haber- y se emplean al día siguiente. Pero para eso que sobró había dos opciones: o comerlo o tirarlo. Entre que tenía así hambre y que no soporto ver tirar comida, el cóctel fue delicioso. Ah, y luego cené y tó.
Por eso, no os cortéis a la hora de comer. Ahora mismo en el chino me he cascado el rollito, sopa y media de wan tan y lo que me tocaba de pollo envuelto -ni se os ocurra pedirlo- y verduras a los cuatro tesoros. De postre un crep de trufa. Ole.
Incluyo este artículo en literatura porque os lo doy a base de consejo; no por ser muy chic, fashion o famoso el local donde vas a ir a jalar vas a comer mejor que en un bar de mala muerte, como vulgarmente se les conoce a este tipo de establecimientos, donde un bocata de longanizas con pimientos, una servecica y un café te puede costar unos 4 €uros y te quedas como un cuco.
