Exprimiendo el día a tope
El otro día os contaba que la marcha que llevo actualmente de trabajo es digna de culquier superhéroe o superhéroa. Por aquello de la doble identidad. Bien.
Resulta que el tete ha firmado un contrato de colaboración con una empresa y a partir del 16 de marzo aún voy a trabajar más. Por las mañanas seré jardinero, por las tardes seré administrativo y por las noches, de 19.00 a 22.00 concretamente, seré profesor de informática. La verdad es que tenía ganas otra vez de serlo.
La “ventaja” de esta trepidante rutina que me espera es que son tres días a la semana y estaré así mes y medio porque es un cursillo muy cortito de iniciación a la informática. Espero aguantar la marea que se me viene encima porque, actualmente, acabo los días agotadísimo y acostándome –cosa que no hacía desde que era un chiquillo– a las once u once y poco.
La verdad es que también, a causa de esta tercera ocupación, voy a tener unas fallas extrañas. Anómalas. Me tocará el día 16 terminar la recogida de premios con la falla infantil de por la tarde (y ya veremos si me da tiempo) y subir rápidamente al tren para ir a dar clases de informática. También el 17 que tenemos la ofrenda, haré un poco tarde porque terminaré a las 22.00 y entre que sales, echas un bocao y chorras en vinagre llegaré como a las 23.00 a Valencia (esperando que mi señora madre acceda a ello). Es una putada pero bueno, aún tendré tiempo de sobra para unirme al escándalo que estarán montando mis compañeros por la calle San Vicente o incluso antes. Ya veremos como queda la cosa.
