Soy un hombre con suerte
Y no voy divino de la muerte. No, amigos y amigas. No.
El sábado pasado tuve mi segundo encuentro con la localidad de Callosa d’En Sarrià. El primero fue terrible. Creo que os lo conté en su día pero os lo puedo resumir rápidamente: mezclé whisky y cazalla (varios cubatas de lo primero, varias palomas y al final un chupito de cazalla a palo seco) y me pegó un pelotazo que de poco me mata. Pero así, en serio. Aparte de que la bufa que cogí me hizo ser un pelele, al día siguiente hubiera deseado estar muerto. Pero bueno, eso ya pasó y es otra más para añadir al currículum.
En este segundo viaje iba mucho más relajado. Entre otras porque el domingo por la mañana tenía que tocar en Valencia. La cosa es que llegamos allí y la charanga Atommica (donde tocaba Jose y Rafica) empezó su actuación. Un desfilecillo por las calles del pueblo tocando arreglos y al final temas de dibujos animados y luego se fueron a una carpa que tenían habilitada para tocar charangueo toda la noche. A las doce y poco de la noche todo el mundo iba ya por allí con una castaña guay y en las tres carpas se escuchaban diversas piezas musicales que oscilaban entre mambos, marchas moras y cristianas y arreglos de las últimas canciones del verano y tal.
Hábil y sagaz cual ardilla, fui el barman de la charanga. Ponnos equis cubatas, por favor. Y yo x+1 que ponía. Entre mambo y arreglo, trago al cubata y pipada al puro. Me compré unas cajitas de puritos Dux que fui fumándome a lo largo de la noche. Ocasión especial, puro (o purito, vaya).
Lo “malo” de esa noche es que me quedé solo. Al ser el único civil que fue, los demás estaban en el escenario tocando. No prob. Cuando tocaban un mambo me ponía a hacer la secuencia de pasos que hacemos en la academia de salsa para calentar para el disfrute y asombro de los asistentes a la “festa al carrer”. Mucho dedo señalándome pero ninguna tía fue capaz de venir a que la sacara a bailar. Eso sí, una morenaca que conocí si que sabía bailar y estaba dispuesta pero tenía que ir a repostar cubata con la amiga. Me dije: “bien, así por lo menos bailo algo y si cae algo, pues eso que me llevo” pensando que, esa segunda posibilidad era muy muy remota.
Chispeaba muy tímidamente y yo creía que iba a amainar el temporal y así la gente aguantaría más. Cacahuets. Empieza a apretar (casi nada pero bastante para hacer escampar a la gente) y a las cinco de la mañana se cierra la paraeta en vez de a las seis que era la hora estipulada. Así que la chica esta que iba a bailar se dispersa como les boles de drac y todo el mundo huye dejando desierta la calle.
También a última hora consigo hablar con Brigitte (a la que conocí en mi anterior viaje antes de pegarme el castañazo). Mucho jiji jaja pero, claro, con la puta lluvia mojándonos el cogote también se evaporizó con su amiga. Así que me quedé pensando y conlcuí que, lo que parecía ser una noche completa: bufa, baile y hasta a lo mejor algo de comer, se quedó en bufa de sábado y listo. Y es que, para una vez que estoy sembrado, atraigo a mujeres y todo parecía que iba viento en popa a toda vela, llueve y se va todo al traste. En fin, Serafín. Que igual de aquí a varios años se presenta una noche más o menos similar, vuelve a llover y yo vuelvo a llorar en el blog a la semana. Es ley de vida.
