La sauna de Alginet
Se llama Tropicana. Es espaciosa y mixta porque se llena tanto de hombres como de mujeres. No sé exactamente a que temperatura está pero puedo decir que elevada. No hace falta echar agua en las piedras estas calientes para que aumente el calor porque con cada movimiento que haces el sudor se muestra más patente.
Tiene tres compartimentos: el más grande dedicado a la salsa y otros dos más pequeños donde se escucha pachanga, house y dance. Éstos dos últimos no me molan porque la gente de allí huele mucho a sobaco. Uhhh.
En la noche de ayer y tras cenar elegantemente (y pagar elegantemente también, vaya), fuimos a la sauna-salsa. Nada más llegar, las tres marías, que es como conocemos a dos chicas que vienen con nosotros a clase y a su amiga, nos propusieron de bailar. Así, de sopetón. Y claro, uno que estaba asimilando el etilismo (que no estilismo, ojo) de las servezas de la cena, empieza a pegar vueltas y coge una sofoquina de miedo. Rápidamente me toca para en boxes para repostar.
La tónica fue la de siempre: bailes con una, con otra, cubata al coche, más bailes, otro cubata al coche y remate final con otro baile y posterior reposo. Alternando. Con la novedad mundial de que me compré una cajita de puritos aromáticos de vainilla y teníamos que ir Jose y yo (otro Jose, no el de siempre) a fumárnoslos a los espacios habilitados para tal fin gracias a la genial ley de los del pesoe.
Total, que a las cinco y poco nos vamos porque Neus tenía que madrugar para tocar un concierto y nada, cansaditos para casa. Una noche que sirvió de calentamiento para las que me esperan en fallas. Me pierdo la del 16 por motivos laborales pero bueno, aún tengo otras tres para desparramar con conocimiento.
Ah, como anécdota diré que vimos a Patricia y César. Ambos iban a bailar al Santo Domingo cuando empezamos Jose (ahora si que es el de siempre) y yo a bailar salsa hace ya, uf, un puñao. Terminando “Flores españolas” termino yo de daros la brasa por hoy.
