Fanta
Bitacoras va como el culo. Así que la publicación de artículos es muy irregular. Pero a lo que vamos, a la Fanta
Je. Me sale el capitán Arr de los Simpson pero en demacrado y carne y hueso. Hablando en un idiona ininteligible ¿noruego? ¿borrachuzo? ¿nepalí? y, de fondo, el vozarrón traduciendo:
“Cuenta una vieja leyenda de piratas que, cuando alguien no se lo pasa bien, una fanta deja de existir para volver convertida en un centollo gigante de ocho patas...”
En una playa, sale un cangrejo enorme dando zarpazos y despachando a todos los domingueros.
Claro, yo pienso: ahora la fanta es que son compresas. No se me ocurre nada más para explicar estos anunicos tan bohemios. O incluso bizarros.
Ya en las anteriores campañas publicitarias de fanta veíamos cosas extravagantes. Un grupo de gente joven está en la playa con una hoguera, así plan hip-hoperos y uno de ellos se vuelve monitor de campamento infantil Yellowstone. Y empieza a cantar en la granja de los cerdos, ih-ah ih-ah ohhh. Uno de los otros le da a beber un trago de fanta y se vuelve otra vez como era.
Eso es, amigos, publicidad engañosa. Yo he bebido fanta y sigo igual de tonto que antes. O más, no sé que deciros. No he mutado ni para bien ni para mal. Pero que, encima, ahora ponen una botella más fea que la hostia y se creen que es el megatopfashion de la imagen y del buen gusto. Tócate los huevos. Aparte, eso sí, de que cada vez está más mala esa bebida. Increhorrible.
