Alcoi '06: segundo día (pero el de verdad)
Larga se presentaba la noche. Mu larga. Jose en Alcoi de verdad; Jonatan con la novia; Antonio de despedida de soltero. Estaba alone. No in the dark pero casi. Dicho y hecho. Cojo el autobús que me lleva a la morocha (donde la última vez que fui acabé hasta los santísimos huevos) y luego lo vuelvo a coger para que me traiga a casa. Menos da una piedra.
Me entero de que los de Buñol entraban gratis. Pues oyes, eso que te encuentras. Así es que subo al autobús y me siento al lado de la tía que iba cobrando las entradas que, por cierto, estaba un rato buena y era el único sitio libre que quedaba. Que escandalera de autobús, tú. Parecía una guardería. Pero bueno. Al momento llegamos a la puerta de la morocha y, oh sí! era la fiesta Jack Daniels. Bien. Bien. Bien. Ohhhh.
Pa dentro. Poco a poco iba llenándose el local y, lo típico, iba viendo a gente conocida aquí, allá y acullá. Me pido el primer cubata y me voy a la puerta donde estaba el stand de los regalos. Una rubia más fría que un bloque de ahielo (de malferit) me explica las reglas del juego: te da cuatro cartas y ella coge otras cuatro. Todas boca abajo. Se le dan la vuelta y el que más tenga de un palo gana. Pues vale. Pim pam y pierdo. Ouch. Regalo categoría C. Cojo un tarjetón y me sale un llavero de cuello. Buf. Intento, sin éxito, regatearle para que me dé otra cosa. A la próxima será. Y fue. Llego con una participación (que me había encontrado en tierra) y gano. Regalo A. Bien. Cojo el tarjetón esperando, como loco, la camiseta. Pem! Sombrero de cowboy. Tócate los huevos. Mismo mecanismo que antes de regateo y mismo resultado: full. De estambul.
Vuelvo a ir al rato con otro ticket (ya pagado y tal con su correspondiente cubata) y me toca regalo B. Ya sin ánimo de nada cojo el tarjetón y me toca la camiseta. Bien. Bien. Bien. Ya la tengo. Y mola. Claro, a todas estas, iba pasando la noche y aquello se iba llenando más y más. Y yo, siguiendo mi filosofía de que si yo estoy bebiendo beben todos mis amigos y amigas iba dando tragos de mis cubatas a diestro y siniestro. Hasta que, Je!, me pasa algo curioso. Llego a unas chiconas de aquí que conozco de vista y les ofrezco. Una no quería porque conducía, la otra no le apetecía y la otra sí me toma el vaso. No sé como está la cosa que me dice algo y hago el clásico ademán de acercarme para cogerle por la cintura y así escuchar lo que me está diciendo y la mala puta empieza a gritarme "no me toques! no me toques!".
Claro, en ese microsegundo de reacción se me pasan muchas cosas por la cabeza que no voy a poner aquí porque os las podréis imginar. Que ya nos conocemos. Pero a mí, que cuando estoy de cubateo, me entra la risa, le digo -sin mirarle- "caaaalma caaaalma" y cuando me devuelve el vaso le doy la espalda y me esfumo. Para poneros también un poco en la situación diré que la tía en cuestión es flaca como una raspa y tiene cara de rata pero tiene un culo impresionante. No voy a engañaros. Pero al hacerme eso, automáticamente, firmó su pena de muerte conmigo. Por que otra cosa no sé, pero rencoroso soy un rato. La taché de mi libreta.
El resto de la noche ya fue normal. Aquí y allá pegando vueltas y con unos cubatas más conseguí sacar 2 mecheros. Uno para Jonatan -que al final vino- porque el vale era de su consumición y otro para mí. Así que tengo sombrero, camiseta y mechero del tío Jack y, bueno, la noche dejó la pequeña curiosidad que os comentaba arriba. Pues ni Nichole Kidman, no te jode?
