Alcoi '06: final
No me dio tiempo ni a ver el piso porque aquello fue tipo película. Qué barbarité. Fijaos si iba lanzada Vanessa que yo, que iba de espaldas, tropecé con una banqueta –o algo similar– y caí en un sofá. Afortunadamente.
La verdad es que si que le resulté interesante a esta chica porque no me dejaba casi ni respirar. Que potro, tú. Empieza a levantarme la camisa y a tocarme el pecho. Uh, que emosión. Pero claro, en un viaje de estos que se me arrima demasiado, ay, me roza con el móvil. Me muevo así un poco a un lado y ahora soy yo el que le va quitando la camiseta que llevaba. Todo esto a tientas, claro, porque estábamos ahí enrollándonos con todas las de la ley. Vamos, con la atención puesta en otro lugar.
Yo allí, tumbado en su sofá durísimo y ella encima mía y, ay, me vuelve a dar con el móvil. Ya molesto, me la aparto de la cara y veo, con extrañeza que su móvil está al lado del bolso. Cierro los ojos profundamente y cuando vuelvo a abrirlos vuelvo a ver el móvil en el mismo sitio. Ahora con terror. Ahhhh.
PEM! Le meto una hostia que salta por encima del sofá y va a parar en medio de la alfombra que tenía en el comedor. El móvil que fuera. EL MÓVIL QUE FUERA! Diox, una pistola, una carlota, una vigueta... lo que hubiera sido menos lo que era: un calamar. Ohh, oh, oh (jadeos entrecortados). Noooo!!.
La mona que llevaba se me pasa automáticamente. Escupo. Vomito. Vuelvo a escupir. Me quedo unos segundos arrodillado con las manos en la cabeza, pensando. Asimilando la situación. Cuando siento una mano en el hombro, me revuelvo como una víbora, me la aparto de un zarpazo y retrocedo hacia atrás con los ojos llenos de lágrimas. De malisia, claro.
- Pero que te pasa?
- Que qué me pasa, mala puta, bicharraco?
- Chico, pensaba que te gustaba...
- Y me gustabas, sí. Pero porque creía que eras una tía.
La verdad es que ni se notaba que era un hombre. Como después supe –mucho después, cuando comprendí que tan sólo me llevé el susto de mi vida con esta situación–, Javi (que era como se llamaba originalmente), estaba ya cuatro años y medio tomando hormonas y pastillas y solo le faltaba la operación del cambio de sexo. No es que fuera gay ni nada por el estilo. Simplemente era una mujer en el cuerpo de un hombre. Pero claro, eso yo no lo sabía. Repito que no os podéis ni imaginar la impresión que me dio cuando vi eso...
También tipo película, vi pasar toda mi vida en un segundo mientras las entrañas se me movían que parecían un tiovivo. Que shock. Menos mal que la diana que tenía en 20 minutos me medio bajó de ese estado catatónico (y patatónico) en el que me había dejado el colega.
Y bueno, podría seguir inventándome historia pero creo que lo voy a dejar aquí. No sé si este era el desenlace que esperábais, si os ha gustado (espero que sí), si tendría que haber añadido algo más... pero aquí concluyo esta especie de relato erotico-dramático con el trasfondo –perfecto, por otra parte– de una salida de moros y cristianos. Ahora, opinad impíos. E impías, como no puede faltar.
