La panacea (II)
Entonces, salgo del chino y me voy a la plaza de toros porque había quedado allí con Harry. Tras estar un rato allí a cara perro -por el malestar general y global que tenía- llega este hombre y nos vamos. Como siempre, empezamos a contar batallitas y aventuras varias.
Me contó una cosa que igual pongo aquí en el blog por espectacular, emotiva y grandiosa. Y sinó, ya veréis, ya.
Pero a lo que iba. El caso es que llegamos a l'Alcudia de Crespins que era donde estaba el autobús. Una vez allí, igual que el rey en las recepciones oficiales, empiezo a estrechar manos y a saludar. Cuando pasan 3 meses en los que no ves a esta gente, qué menos. Así que me aposento en el autobús, como puedo, y a esperar hasta que lleguemos. Menos mal que me senté al lado de Boro y empezó a contarme historias surtidas con las que me entretuve. Después ya saqué el emepetrés y estuvimos escuchando marchas cristianas.
Llegamos a Onil con dos horas de tiempo. Ale, a esperar. Una chifarra de calor que te mueres. Me hago, en vano, una mentireta (café licor cerol con limón granizado) para intentar recuperarme del calor y de la pesadez que llevaba. Todo el mundo me decía cosas como "que serio estás" y "pareces jodido" y yo contestaba lo mismo en todas las ocasiones: "es que estoy malo". Pero malo malo. Que rato más largo. Y encima, como siempre, la entrà que se retrasa de la hora. Normal. A ver si con otra mentireta me curo o acabo de morirme. Glub glub.
Pasa un rato y estoy más o menos como estaba: con un dolor de cabeza impresionante. Justo cuando iba a ir a mear empieza la entrà. Jessica, de Pascual Vilaplana a piñón fijo. Así que empezamos a tocar y, ché, como os digo en el título: la panacea. Fueron pasándoseme todos los males que tenía y acabé la entrà perfecto. Y eso que fue movidita porque el tío Vicent de Alfarp, Rafa de Catadau y yo estuvimos haciendo el "mono" todo el rato. Muy bien.
Claro, luego volvimos al autobús y al sentarme volví a aplatanarme. Pero bueno, el rato que estuve bien me moló mucho. Es que no estaba ni cansado. Recomiendo que cuando estéis alicaidos, enfermos o tristones toquéis una entrà. Os quitará todos los males aunque luego, si os apalancáis, volverán a atacaros aunque con menor intensidad.
Ahora, para despedirme, una afoto de Harry:
Mi coronel
