Pedazo de hija de puta
Pero con todas las letras. Pedorra. Casi ná.
Y es que, como os contaba ayer, me fui de despedida de soltero. Rara, pero despedida. En la cena sólo conocía a mis dos amigos y al novio de refilón. Así que bueno, no es que estuviera muy cómodo del todo. Me bufé ya en la cena porque me casqué unas 10-12 -más 12 que 10- cañas y un cubata. Pero bueno.
Nos recogió el autobús a los 18 gorrinacos que éramos e hizo una parada antes de llegar a bananas. Un local que se llama Maxx. Un puticlub, vaya. Todos para dentro como cenutrios menos el chófer del autobús y mis dos amigos y yo. Eran ya las dos y media y como que no convenía entrar allí para estar media hora o tres cuartos.
A las 3.30 salían todos de allí -uno victorioso- y nos fuimos, por fin, a bananas. Antes de entrar y como mandan los cánones, nos hicimos otro cubata en el bus. Grata sorpresa es la que me llevé cuando entramos a la pista de pachanga: estaba allí gran parte de la banda de Turís y, con ellos, Alfonso y Paca. Anoche es que fue la presentación de la musa de las fiestas de allí y todos estaban celebrándolo. Pues vale. Me puse a hablar con unos, con otros y sobre todo con Marta. Una chica que toca el oboe que conocí esta semana santa y que, como podréis adivinar, está de muy buen ver. Pero mucho mucho.
Ponen la camisa negra o una de estas canciones así bailables y le digo de bailar. Ay, no sé (como dicen todas). Pero yo sí, déjate llevar. Y oye, hicimos cuatro vueltas -el espacio era ínfimo y mi castaña todo lo contrario- y quedaron de puta madre. Tanto que empiezo también a hablar con otra chica que había en el grupo. Yo soy ------ (no voy a decir nombres), muac muac y he venido con mis amigos ta-ta-tá ta-ta-tá. Yo estaba bien pero, claro, mis amigos no tanto. Así que me sugieren dar una vuelta y acepto. Cuando pasamos por el famoso besódromo -ahora muy apocado y hasta cutre-, pem!, me encuentro 20 €urazos. Bien, hombre, bien. Ya hacía mucho tiempo que no me encontraba pasta. Para un par de cubatass máss, jeje.
Tras varias vueltas por allí, vuelvo con los turisanos. Y las turisanas, of course. Paca ya estaba hasta en blanco y negro de la mona que llevaba y Alfonso estaba en ello. Los demás, pizca más o menos igual. La cosa es -y ahora viene el expediente X- que me pongo a charlar con la chicona que había conocido un rato antes. Que si jiji jaja y tonterías varias y le digo de ir fuera a bebernos un cubata. Aquella me abre unos ojos como platos y me engancha de la mano como si la vida le fuera en ello. Pienso: "va a ser una noche completa, porque a ésta, con un poco de suerte hasta la empalo" (uhhh).
Pero al igual que en las películas -los dramas-, se me jode la cosa. Ya en la puerta donde ponen los cuños (los 2 €uros más peor gastados de mi vida), aparece un subnormal que, por lo que parecía, había estado rondando a esta tía antes que yo. Total, que la tía me suelta y se pone a decirle al otro maromo: "tú me habías dicho que tenías novia" y, claro, aquel, tonteando. Llegamos a su autobús y empiezan a comerse la boca. Pero hija de puta, ¿me estás mareando to el rato y cuando me enganchas para una cosa que no era ver las estrellas te enrollas con el gilipollas ese? Ahhh, me dieron ganas de quemarlos a los dos. Fssss. Pero claro, pa huevos los míos. Me pongo un cubata y me piro sin mirarlos siquiera. No se atragantarán, no.
Me voy a mi autobús porque ya se había cumplido el toque de queda. Se ve que del "disgusto" se me revuelve el estómago. Bueno, y por los mil cubatas que llevaba encima. El asunto es que en el autobús me muero. O sea. Me quedo en un estado patatónico que flipas donde me venía justo aguantarme el melón con las manos. Como es normal en estos casos, todos empiezan a hacer porra de que si voy a potar o qué. Y todos fallan porque, como un campeón -aún no me explico cómo- consigo aguantar sin potar en su presencia. Pero como a la tercera va la vencida, cuando para el autobús en Chiva, cierra la puerta para llevarnos a Buñol y, ops, se me caen dos arrojes. Hmm, por lo menos no he potao delante de la panda de borrachuzos estos y el chófer no se ha dao cuenta, que sinó me limpia. Así que Jaime y Emilio le dicen al conductor que abra la puerta y salgo como una exalación a tirar el resto del último cubata.
No es un final agradable ni bonito pero es lo que pasó. Ya sabéis que siempre os cuento las cosas tal y como son. Me quedo con lo hija de puta que llegó a ser la pingaja esa de los cojones, con el autógrafo que le dejé en el autobús al colega (jeje, risas) y con que me he levantado inspirado para redactar todo esto. Y resacoso, pardiez.
