Elda '06: primer día
Viernes, 2 de junio. En primer lugar quiero aclarar que no es del todo exacto el incluir esta saga de artículos en esta categoría pero, bueno, es al 83% correcto porque sentía como que estaba tocando.
Durante la mañana y la tarde, como era de esperar, estaba desfisioso. Al final, llega la hora de irnos. Casi en Cheste, la madre de Jose llama a mi móvil diciéndome que su hijo se había dejado el traje. Media vuelta y para casa. Ya con el traje de nuevo y 20 minutos perdidos, volvemos a partir. O sea: repartir. Uy no, que chiste más malo.
23.05, Petrer. Qué recuerdos. Estábamos allí porque había que encontrar el local donde teníamos que dormir las 2 noches que íbamos a permanecer por allí. Dejamos todos los pingos y nos vamos al cuartelillo de Elda donde tenía que tocar la xaranga. Logramos llegar casi sin problemas -más que nada de aparcamiento porque la zona estaba que daba asco- y todos empiezan a montar los pitos. Como ya pasara en Callosa, me hago barman oficial de la banda y mientras ellos tocaban yo les iba poniendo los cubatas. A proporción: uno para tí -el o la que fuera- y otro para mí.
El resultado de la operación fue que en una hora o así yo ya iba caliente como un oso. Que fiestón. Allí, enmedio de una calle, la banda sentada en un lado y la gente bailando en el otro. Arreglos impresionantes y, entre pieza y pieza, venga poner y beber cubatas. Recuerdo vagamente como empieza la xaranga a tocar una marcha mora -Habibi creo- y empiezo a hacer de cabo de escuadra. Tal y como hiciera en Bocairent. Lo que pasa es que aquí, debido a las enormes ganas que tenía por irme a moros (aunque fuera en plan turista) y los cubatas que me endiñé, empecé a hacer la danza de los sables. Pero con una botella de Beefeeter y otra de Scotch Whisky "El corte inglés". El resultado fue que todos los de la escuadra que iban detrás de mí fliparon en colorines y rieron como en su vida y una mano peluda y dura me tocó en el hombro. Consigo girarme -con bastante dificultad- y veo -también con bastante dificultad- que esa mano huesuda y firme era de un tío de los cuartelillos que me indicaba que dejara las botellas en su sitio. Vale. Pues uzotro sus lo perdéi
Así que, chino-chano, se hacen las cinco y pico de la mañana y la xaranga termina de tocar. Varios se van a dormir enseguida y otros pocos nos quedamos por allí romanseando y apurándonos el último cubata. Total, como eran gratis... Pero en 10 minutos también nos fuimos a dormir porque no quedaba nada por la zona, estábamos cansados y la música era mala. Pero mala de cojones, oigan. Y ya no nos cabían más cubatas (no sé si yo me calcé 15 ó 20).
