Un monólogo que salió sin preparar
El otro día llegaba a casa muy hambriento y muy acalorado. Salió un día de estos que sin hacer sol hace incluso más calor de lo normal por la vasca que hace. Además fue un día de faena pesado porque tuvimos que hacer de albañiles y, uh, no veáis lo que quema y lo que sudas. Pa mí que perdí hasta sales minerales y todo.
Entonces, ¿qué pasa? Que llegas a casa hecho una sopa y, como os digo al principio, desmayao. Como llegaba a la hora oficial, 14.15 h, me encontré con mi vecina Ana que también llegaba de su trabajo. Y salió la típica conversación convecinal de estas horas:
- ya hay ganicas de comer, ¿eh? - me dice.
- sí. Lo que apetecería ahora algo fresquico como una ensaladilla, un gazpacho andaluz...
- ya te digo
- ...pero no. Seguro que ahora llegamos a casa y nos encontramos con un plato bien caliente en la mesa; puchero o algo así.
- jajajj -la tía empieza a deshuevarse- sí, tienes razón.
- o mira, mejor: lentejas. Con morro, pernil, mondongo... vamos, consistente y lleno de vitaminas, nutrientes y, sobre todo, calor.
- vaya tío. Es verdad. jojojo, eso siempre pasa.
- claro que pasa. Y encima, pa joder más, seguro que en la nevera no queda agua fría y te toca bebértela natural...
Y aquí es cuando ella ya llegaba a su piso (el quinto) y salía del ascensor. Así que, ya veis con que poca cosa estuvimos un breve rato riéndonos mientras llegábamos a casa.
p.d. lo que tocó en suerte como menú fue una pizza de esas que "complemento" yo, que, aparte caliente os puedo asegurar que tenía alimento.
