Salsa barbacoa
Neus hablaba ayer aquí de sus experiencias salsísticas en la ciuté plus romantiqué del monde. Y me recordó que yo también lo tenía que haber hecho hace tiempo. Pero por que tenía cositas más interesantes que contar no lo hice. Allá voy pues.
El día 3 de julio empezamos Jose y yo un doble curso intensivo de salsa en la academia a la que vamos: primero una hora de técnica y pasos libres de hombre y luego de salsa básico-intermedio. Moló el rollo porque en el segundo curso éramos bastantes de los que habíamos ido durante todo el año. Pero también era barbacoa. Y me explico.
De 20.30 a 21.30 teníamos clase de técnica, como os digo más arriba. Bien. Nos metian en una aula larguísima pero mortal. Rediós, que calor hacía allí dentro. Incluso con las puertas laterales (que daban a la calle) abiertas nos torrábamos como pollicos de esos picantones que venden en el mercabrona. Que chifarra. Pero lo que era la coreografía, buf, de puta madre. Combinamos en una secuencia que no duraría ni un minuto todos los pasos libres que hemos dado a lo largo del curso aparte de alguna cosita nueva y, encima, coordinando brazos y hombros. El resultado es muy vistoso pero cansa el doble.
Tras esta hora de tortura vietnamita teníamos un cuarto de hora de descanso hasta que empezaba la otra clase, a las 21.45. Entrábamos Jose y yo, que éramos los únicos que íbamos a otra clase, como sopas. Las camisetas se podían escurrir. Menos mal que a partir del segundo día me llevaba yo 2 camisetas: una por clase. Que sinó, madre mía, era tremendous.
El caso es que también aprendimos una figura bastante larga con pasos nuevos y además, una secuencia distinta a la de siempre con lo que tenemos 3 secuencias distintas ahora mismo para hacer. Aunque desde el viernes 7 no he vuelto a dar ni media vuelta. Ya veremos de lo que me acuerdo cuando me toque...
Y nada, eso es todo, amigos.
