Los gilipollas de un concierto
Hace 18 años, alguien en Buñol tuvo la magistral idea de celebrar una bienal de música. No sé quien pudo haber sido pero, desde luego, merece un monumento. Pequeño, pero se lo merece al fin y al cabo.
Ahora mismo acabo de venir de uno de los mejores -si no el mejor- conciertos de bienal que he visto en las tres ediciones a las que he ido. Se trataba de un conjunto de viento llamado "Mare Nostrum" y que estaba formado por fos flautas, dos oboes, un clarinete (pero había 2), dos fagots, dos trompas, dos trompetas, dos trombones, un bombardino y una tuba. Y todos profesionales. Como os podreis imaginar, tocaban así sin querer.
Pero bien. El artículo de hoy se centra en los gilipollas que SIEMPRE encontramos en los conciertos. Me da igual del estilo de música que sean, siempre están. Y ya veréis.
1.- El bebé que siempre llora. Y encima, cuando la música es más piano. Siempre. Siempre me he encontrado, en todos los conciertos a los que he ido, al inoportuno bebé que rompe la magia de la música con su llanto. Desde luego que el muñaco no tiene la culpa pero si sus padres por llevarlo. 2 gilipollas en un concierto.
2.- Luego tenemos al gilipollas del reloj. Siempre hay alguien -por norma general un hombre mayor- que tiene la alarma del reloj puesta a una hora durante la cual hay alguna banda, orquesta, grupo o lo que sea tocando. Yo no sé aún, a ciencia cierta, por qué. No veáis lo que jode el dichoso pi-pi-pi (de un reloj casio, cutre, de correa negra de plástico) de los huevos detrás de tí. Y encima, nunca lo paran. Se esperan -no sé por qué cojones- a que pasen los 20-30 segundos que tienen para callarse. Fijaos y veréis.
3.- El tiempo. En ocasiones, el tiempo se pone tonto y cuando estás de puta madre, gozando y paladeando cada segundo que te ofrece un concierto, va y se pone a llover. Claro, los actuantes plegan rápidamente el chiringuito con cara de circunstancias (lo primero es cuidar los instrumentos, que para algo les dan de comer) y subiendo los hombros como diciendo "yo no quería, pero mira".
Y ya está. En casos también muy excepcionales tenemos al hombre que le entra un ataque de tos o al subnormal que no silencia el móvil y le suena. Pero eso, como digo, son los menos.
En cualquier caso UNA PASADA de concierto (lo que te has perdido, Jose, trompellote).
