Sábado fiesta: resultado y postfiesta
Al hilo de lo que os comentaba ayer, voy a contaros hoy como quedó la noche del sábado pasado allá en Montalba.
Terminamos de cenar a eso de las 23.00 (bocadillos de pernil y de lo que fuera) y todos querían empezar a beber. Para no hacerlo monótono, sacaron el trivial. Éramos 8 y nos pusimos por parejas. La modalidad del juego -como le explico a Luisma en un comentario del post de ayer- era mortífera: si fallabas la pregunta, bebías. Si acertabas, mandabas quien era el que se tenía que arrear un trago. Cuando caías en un quesito pasaban dos cosas: si acertabas, todos los demás bebían. Si fallabas, bebías tú y la pareja que tenías a la derecha. Como veis, la cosa prometía. Y prometió.
A la una y pico propuse irnos. Estaba hasta los huevos de bufarme sentado. Odio beber apalancado. Nop. Así que todos nos fuimos a la orquesta. Que ambientaso. En una plaza como una caja de juanolas había más de mil personas bailando con la orquestilla que estaba allí. No era cutre pero tampoco se pasaba (la orquesta). Llegué allí con todos estos y rápidamente divisé las cuatro barras disponibles. Concluí -por proximidad y rapidez- ir siempre a la misma barra. El tío que me ponía los cubatas, a partir del segundo, ya me conocía. Casi que nos hicimos íntimos después de ir toda la noche a verle.
Sobre las 7 nos echábamos a dormir, que ya estaba bien. De la orquesta ni me acuerdo. Como fuimos a una casa sin amueblar ni nada y yo no lo sabía, me tocó ponerme el saco de dormir en tierra. Francamente, me dio igual porque fue tocar con la cabeza el suelo y quedarme sopa. De aleta de tiburón. Fuah. Luego Pablo me decía que porque no había subido arriba, que ahí había hormigas. Je!. Entre la castaña que llevaba yo a las siete de la mañana y que las hormigas no osarían acercarse a mí porque parecía una destilería a últimas horas de la tarde...
Dormimos 3 horas. Que mal, dios. Uh. Me levanté que me dolia todo. La cabeza, curiosamente, lo que menos. No se nos ocurre otra cosa que ponernos a jugar al scatergories. Mola el juego aunque la situación en la que estábamos no era muy propicia. Aún así -y sin vacile- gané.
A la playa, a la playa. Y un rabo. Terminamos comiendo en el restaurante chino internacional de Castellón. Que malo que era, por favor. Lo que era fachada, entrada y local era imponente pero lo que eran los platos... uhhh, fatal. Ni os acerquéis por allí. Entre la mala gana postfestiva y los mejunjes asquerosos que nos sacaron... ni hablar.
Al final, como balance, me quedo con que he conocido a gente muy maja, he estado en Castellón y, ché, nos reimos mucho en la noche más larga del año (de la cual, casi ni me acuerdo...)
