The perfect knight
En inglés, que queda como más fashion.
Acabo de llegar ahora mismo de la bsd (local que ya todos conocéis). Al igual que en ediciones anteriores, he ido sin muchas ganas. Pero la fiesta es la fiesta.
Conseguí irme con Salva (presentador del programa de radio "Expediente abierto") y sus amigos. La marcha, la de siempre: un cubata en el coche y luego, dentro del recinto, varios más. Lo que pasa es que esta noche hubo novedades.
Había un grupo de chiconas que estaban de muy buen ver. Sobre todo una rubia que iba vestida con una camisita tipo azafata del un dos tres y una minifalda vaquera. Entonces, todos estos buitres carroñeros con los que me fui, estaban con ella cogiéndole de las manos e intentado bailar -sin éxito- la música que ponían. La chica, simpática y receptiva, se dejaba. Mientras, yo iba a mi marcha: charlando con unos y con otros. Y, por supuesto, dejándome caer por la barra.
La cosa es que, a eso de las 4 o así, me decido a acercarme a esta chica que, misteriosamente, estaba sola con todos estos maromos.
- Es que a mis amigas las he perdido de vista.
Pues vale. Por lo menos compañía no te falta. Me pongo a charlar -un poquito- con ella. Éstos no paraban de ir y "bailar" con ella y yo simplemente le daba conversación. Buena conversación, claro. Van pasando las horas y a eso de las seis se le acerca un borrachuzo que le dice que no se líe con nadie y tal. El clásico plomo, vamos. La tía, diplomática, le dice que sí y sonríe. Con clase. Lo que pasa es que, a última hora (las 7 o casi) este nano le da una palmada en el culo como creyéndose que es suya y tal. Lógicamente la tía se mosquea. Yo que estaba cerca le empiezo a decir que hay mucho borrachote por ahí, que, lamentablemente, es lo de siempre y eso. Que, por otro lado, es verdad.
Así que, a las 7 y poco, como tenía que irme, voy y me despido de ella con dos besos en la mejilla. Los chicones con los que me iba -a lo clásico, también- me decían: qué, te la has tirao? y esas burradas. No se daban cuenta que desde que empezó la noche estuve aplicando el refrán "quien siembra vientos, recoge tempestades". Igual -seguro- que no pasará nada entre esa chicona y yo pero, amigos, ahí queda eso. En ningún momento me mostré descortés -aunque mi mente pensaba en otras cosas- con ella y, ché, a ver venir.
