Reprimiendo a Jabberwock
Si alguna vez tenéis ocasión de ver o leer la serie Arms (de la cual ya hice un análisis aquí y pienso hacer otro cuando me termine el anime por segunda vez), sabréis a lo que me refiero con el título de hoy.
Iba a escribir sobre una buena película pero, como es un artículo "atemporal" -por llamarle de alguna manera-, puedo dejarlo para mañana y así contaros varias cositas de la faena. La de ahora, vamos.
Lo primero que quiero decir es que correos, como empresa, tiene cáncer. Avanzado, además. Es increhorrible. O sea. Ahora mismo en mi pueblo hay 2 barrios donde las cartas llegan casi hasta el techo. Why? Porque correos tuvo la genial idea de cambiar las bolsas el día 1 de julio y meter con cuatro días de retraso a dos personas que no tenían ni idea de repartir. Qué pasa ahora? Que las cartas, como digo, llegan hasta el techo y hay calles que llevan 2-3 y hasta 4 semanas sin correo. Estoy hasta los santos huevos de decirle a la gente que el cartero es nuevo, que hay acumulación, etc etc. El cartero no tiene la culpa porque hace lo que puede -suponemos- y los vecinos tampoco porque, como clientes tienen derecho a reclamar. La culpa es de la empresa que hace contratos de poca duración, a personal sin preparar y no pone refuerzos para desatascar el emboce de cartas que hay ahora mismo.
Lo segundo que voy a comentar va para los ciudadanos de a pie. A algunos, vaya. Resulta que el otro día, mientras yo estaba matasellando unas cartas para enviar, había una mujer quejándose en la oficina. Decía que la cartero nuevo -en esta ocasión de Macastre- le devolvía las cartas y que no tenía que hacerlo. Lo estaba comentando con una compañera de ventanilla que, precisamente, había sido la cartero de Macastre durante varios años.
- Es que no puede ser. A ver porqué me tiene que devolver las cartas la nueva cuando tú me las llevabas.
Le decia la pájara a mi compañera. A ver, espantaja, si la dirección viene mal, no me extraña que te las devuelva. La mujer de antes te las llevaba por que ya te conocía y te lo hacía como un favor. La chica nueva que está ahora, aparte de que le importa una puta mierda donde vives, no tiene que aprenderse que esas cartas van mal dirigidas. Ni debe. En ningún caso. Lo que tienes que hacer, lorito (era una marujona chochona de unos 50 años de estas que van maquilladísimias, requetepuestas y emperifolladas (porque contiene la palabra "follada")), es dar tu dirección buena a todas las empresas y entidades que te mandan las cartas mal y dejar en paz a la chica nueva que reparte que bastante tiene ya con sacar la faena al día y más o menos bien. No te jode?
Lo tercero en discordia no sé a quién dedicárselo; si a mi jefa de oficina u otra vez a correos como empresa. No sé, no sé. El caso es que esta mañana me he quedado flipando en colorines. Ya os comenté ayer en lo que consiste mi trabajo: clasificar y entregar cartas y paquetes básicamente aparte de otras cosillas. Pues bien, esta mañana me suelta mi jefa que, además, hay que intentar convencer a todo el mundo que entre en la oficina para que se abra una cuenta en el banco de correos. Por 1000 euros a 6 meses te regalan dos toallas y por 2000 a 12 un juego de maletas. Entonces, además de atender al púbico -adrede sin l- tienes que intentar venderles la moto trabajando de comercial. Por supuesto sin ninguna comisión. Y ahora es cuando yo empiezo a decir tacos y preguntarme cosas: ¿por qué cojones tengo que hacer yo eso? ¿Sin comisiones? Estando 15 días de mierda, ¿por qué se me exige que haga todo eso como si estuviera toda la puta vida? Es que, amigos, son cosas que no entiendo. Coño, cabrones, haced cursos preparatorios, formadnos y contratadnos como dios manda (fijos, indefinidos o como quieras llamarle pero de mucho tiempo de duración) y así te aseguras de que tienes personal cualificado y eficiente y no gente que está ahí tapando (como puede) el hueco que deja otro porque está tocándose los huevos en la playa haciendo las cosas a mitad o mal. Hostia, que no es tan difícil.
En serio, me habría gustado vivir en el franquismo: estaban todos muy puteados (porque es lo que siempre me han dicho) pero todos tenían trabajos fijos. Hoy en día un trabajo fijo es más difícil que cagar en un termo.
