La última de Chella
Como los de Filipinas pero en mi caso más cerca (aunque no mucho más): Chella. Después de pasar todo lo que os he contado estos días atrás, llegaba la hora de regreso a casa. Y, como el año pasado, yo daba por hecho que estos chicones tendrían la deferencia de acercarme a casa. Pero no. Oh dolor, oh tocata, resulta que habían quedado con unos amigos que hacía mucho tiempo que no veían para cenar e iban con una prisa total. Así que, nene, te dejamos en Valencia.
Ni corto ni perezoso (aunque un poquito acojonado) llamo a mi madre. Como ya sabía de antemano, cuando le cuento el percal se pone como un oso. Pero un oso rabioso y fiero, nada de ñoñerías. Mi madre es como Carrie:

cuando dice "vale" más de dos veces y en un tono de voz que haría empalidecer al conde drácula, prepárate. Así que, a punto para el chaparrón que me caería después, quedo con que me recoja a la entrada de Valencia. Al poco rato, me llama ella. Como en esas carreteras perdidas donde estábamos no hay mucha cobertura se corta la llamada. Cuando vuelve en sí el teléfono, llamo yo.
- He pensado que podías llamar a tu tía y te quedas a dormir en Valencia y con el primer autobús o tren te vuelves y así no haces tarde al trabajo.
Buena idea. Llamo a mis tíos. RAS! estaban en su casa de la Pobla de Farnals. Me esperaba algo así, vaya. Mi tía, preocupadísima, me dice que si no encuentro nada que les vuelva a llamar. Empiezo a pasar números de la agenda del móvil y veo otra posible presa: la mujer del presidente de la falla donde tocamos. Otras veces ya nos hemos quedado a dormir en su casa. Llamo y cuando me da el primer tono de llamada, recuerdo con pesar, que ellos veranean en Bétera. Espero que hoy NO estén allí. Me equivoco: sí que estaban allí. Así que tras varios cariñets y mucha preocupación, Amparo me dice de llamar a Ester (otra compañera músico). La llamo y tras nosécuantos tonos no me lo coge.
Paso toda la agenda y me decido por llamar a Jose. Apagado o fuera de cobertura. En su casa, nadie. Presa ya del pánico, llamo a mi amigo Jaime. Se sobresalta un poco -por las horas y eso- pero accede a recogerme. Buf. Tomo aire y llamo a mi madre. Oye mira, que me va a recoger el Jaime que está por aquí cerca... ¿Seguro o va adrede? Me pilla totalmente y vencido por esa barrera infranqueable le digo entredientes que viene a posta. Carrie se enfada mucho más y me dice que ni hablar; que vendrá ella. Así que, ups, trago saliva -de la última en esta vida- y llamo otra vez a Jaime para decirle que no se preocupara.
Cuando ya le digo que sí, que no hay problema y cuelgo, me llega un mensaje con tres llamadas perdidas de Jose. Como ya tenía el asunto listo, no le digo nada pero me llama y le cojo el móvil. Estaba en el cine y acabo de salir. Clinc! pues oye, vente a por mí en un momento que estoy a la entrada de Valencia. Vale. Oh. Uh. Llamo por enésima vez a mi unidad parental materna. Mira, que el Jose estaba en el cine y ya me recoge. ¿Seguro?. Sí -esta vez no me pilla porque era verdad-, sí. Mejor.
Y nada, esa fue la última historia de Chella en la que estuve 27 minutos de reloj llamando por teléfono y, al final, pude venirme a casa. Al final mi madre no me echó el puro pero me ha ido dejando caer puyitas a lo largo de la semana.
La siguiente ahora es la entrà de Quesa de mañana y para esta si que tengo un largo domingo por delante para volverme en tren y planificarme bien el asunto. Ya os diré algo.
