La rosca de Juanito
Ayer os contaba lo curioso que me parecía Quesa. También os dije que hoy iba a contaros el resto de noche y así será.
Me fui con Juanjo y Roses a la albufera de Anna a por los bocatas que después comeríamos en casa de este último. Luego pasamos por Navarrés para recoger a los demás chellinos con los que nos iríamos de fiesta. En total éramos 7. Como los samurais pero en plan salvaje. Me moló mucho que tanto para ir a Anna como para ir a Navarrés, Juanjo pusiese el compact de pasodobles a todo volumen. Como los mascachapas con el puncha-puncha pero con pasodobles.
Cuando llegamos a Bicorp, no pude resistir la tentación de hacer una foto con el móvil al letrero del sitio donde aparcamos: "Paseo del Albaricoquero". Me pareció tan "Bienvenido Mr. Marshall" que, oye, no pude dejarlo pasar. Fuimos al único pub que hay en el pueblo para hacer tiempo hasta que empezara la orquesta y no podía tener un nombre más adecuado: Embudo. Jejej, estaba en una calle estrecha como un cenicero y allí se generó un atasco de gente considerable. Si en los cuentos de hadas salieran pubes, éste sería uno de ellos; pequeño y acogedor a la vez que sencillo y humilde. Lo que pasa es que me pedí uno de los míos y no quedaba más que medio chupito de Jack Daniels. Cachis. Tuve que sustituir mi bourbon favorito por Four Roses. No estaba malo del tó pero como que no era lo mismo.
Tras estar por allí un rato, nos fuimos a ver a la tribu. Yo pensaba que era una discoteca pero se trataba de una orquesta. Pues vale. 6 petro€uros la entrada (sin consumición) y a 3,5 los cubatas. De bourbon nada, claro. Haremos de tripas corazón.
Al rato de estar por allí y ver a varios músicos que conozco de Bicorp, vino Juanito.
- Veiros a mi casa a hacernos un cubata
Pues vale. La casa de que te cagas. Tres pisos, diseño moderno, naranjeros (taronchers que decían los chellinos) y mucho espacio. Vamos, una casa digna de la revista "el mueble". Se mete el tío para dentro y nos sale con seis quintos de serveza porque no tenía nada para hacerse cubatas. Buenos son. Pim pam y en un viaje que se mete para dentro a dejar las botellas nos dice que tenía una rosca ibérica y que la había puesto a calentar. Pefecto, porque yo estoy desmayao. Seguimos allí apurando los quintos y contando batallitas y al rato nos vamos otra vez a la orquesta. Cruzar la calle y au. Aún quedaban unas cuantas horas por delante.
Cuando me termino otro cubata en lo que es la verbena, me veo otra vez a Juanito y le pregunto por la rosca. La rosca! dios, la rosca! se va corriendo a su casa y yo le sigo. Cuando llego, me lo veo echando flit por todas partes e intentando sacar el humo del comedor. Me asomo al horno y veo que lo que era un pedazo de comida una hora antes ahora era un pedazo de rueda quemá. Je. Cuando entran los de Chella, Juanito iba echando ambipur y antipolillas y no podía dejar de partirse el culo. Los chellinos tampoco. Íbamos como íbamos y, claro, esto nos resultaba gracioso cuando no lo era. Un rato más y se hubiera prendido fuego la casa. Y los padres de Juano durmiendo arriba... la que se hubiera liado! Pero como no fue así, lo que hicimos fue celebrarlo comiéndonos unos pedazos de salchichón (lo que me generaba recuerdos frescos) y un bote de papas pringles.
Ná, luego ya fuimos otra vez a la orquestilla y estuvimos bambando por allí hasta que no quedó ni el solaje. Nacho me había presentado a una chicona bastante interesante y como no supe resolver, me quedé igual que fui: a dos velas. Por lo menos lo intenté aún consiguiendo puntos extra por parte de Nacho. Pero bueno, ella se lo perdió.
