Va de anuncios
Como hace tiempo que no hablo de anuncios, hoy voy a resarcirme. Y lo haré con tres anuncios. Los tres de condones, que no me dan malisia ni ná.
En el primero, vemos a un tío y a una tía bastante grimosos diciendo que suministran energía a los aparatos. Vemos, de fondo, un pato de esos donde se suben los chiquillos –previo pago del euro y la consecuente paliza de “quiero subir” “quiero subir” “quiero subir”- y unas bombillas y como empiezan a funcionar a tope. Entonces, para vacilar, estos dos babosos que salen dicen que se ponen de acuerdo para dar energía a campos de fútbol, loterías y noséqué más historias. La cosa es que, terminando, dice: ey, vamos a dar energía y sacan el condón.
A vosotros os iba a dar yo energía. Pero con un legón uno y la otra con un rastrillo detrás allanando el suelo para después poner el césped que yo os dijera. Si aún os quedara energía (cosa que dudo pues al minuto ya estaríais muertos, piltrafas) os daría más faena. Que de esa nunca falta. Habráse visto?
El segundo anuncio tiene, si cabe, más mala folla. Y esto va con segundas; sale un chaval diciendo “el placer es mío” y una chicona que le contesta “no, mío”. Entonces se enzarzan en la típica discusión “mío” “no, mío” hasta que se abrazan, se besan y sale el paquete de preservativos. Bien grande.
Perdón, ¿placer? Me cago en dios, placer. Placer es lo que habría si lo hubiérais hecho a pelo si el tiñalpa del tío –que más mala facha no puede tener- hubiera aguantado como un campeón o si la frígida de la tía llevase un DIU de esos o se hubiera tomado la píldora. Eso sería placer. Lo que habéis hecho vosotros dos es una empastrá, una engorriná y una malifeta. Placer, ¿sabes? Con los dos moniatos de arriba tendrían que estar estos currando al sol y haciendo remiendos de obra donde yo les dijera.
Y el tercero que voy a comentar si que es la bomba. Pero la bomba gorda. Me sale una música cutrísima como de superhéroe y la espalda de un también cutrísimo superhéroe. Cambia el plano y me sale un mierdecilla escualido, despeinado y mal nutrido restregándose las legañas. Cambia otra vez el plano (a lo que serían los ojos de la tía que está extasiada en la cama) y vuelve la musiquita espantosa y el esperpéntico héroe. Vuelta a la realidad (a los ojos del espectador), me sale otra vez el mierdecilla de antes recolocándose el asunto y desperezándose. Vemos la cajita de condones y una voz de fondo dice “para sensaciones fuertes” (o una chuminada así).
¿Hace falta que pregunte por el concepto del spot? Ffff. Sensaciones fuertes. Superhéroes. Madre mía. Desde luego es para coger a todos los publicistas que hacen esa clase de anuncios y empezar a darles. Con lo que se tenga a mano, me es indiferente. Herramientas, consumibles, a manos desnudas... la cuestión es darles.
Na menos que cuando acaba este tercer anuncio –en concreto-, tengo que sacarme la vasenilla para echar la pota. La tía está buena, por lo menos. Pero la situación en sí es tan... no sé, tan... buff... no tengo palabras (y mira que en eso voy surtido). Me ensiendo.
