Castalla '06: tercera parte
En Castalla descubrí que un músico de calle tiene mil váteres. O sea. Esperando en la calle -como siempre- a que los festeros formaran en la plaza del pueblo para hacer el enésimo acompañamiento, me entraron ganas de mear. Y a Francis. Había un par de bares cercanos pero, ah amigo, a esas horas con todo el centro lleno de gente es imposible ir. La alternativa, que es una especie de parquecillo con arboles y arena, en la otra punta del pueblo con lo que, por el inminente comienzo del acto, tampoco se podía ir. Ché, ahora verás. Cojo a Francis y le digo que me acompañe. Sorprendido, accede. Voy por la acera de la calle hasta que veo una casa abierta y dos mujeres conversando en la puerta. Ni corto ni perezoso pero meándome del copón irrumpo en su conversación preguntando si podría utilizar su lavabo. Claro que sí, hombre. Faltaría más. Nada más entrar a la izquierda. Pssss pssss uhhh ahhhh mientras Francis hablaba con ambas muejres y luego relevo: yo hablando con las muejeres acerca de la gorrinería que me parecía -y les parecía a ellas- que embadurnaran todo el pólvora mientras mi compañero estaba en el w.c.
También, en la noche de la retreta me pasó lo mismo. Tanto tiempo esperando parado a empezar a tocar que empecé a hacerme pipí. Cuando ya no podía más y los bares -como siempre- estaban inaccesibles, decido hablar con dos borrachotes con enormes pelucas que salían de una casa. Oye mira, que me meo y si fueras tan amable.... nada, nada, ven aquí. Y el tío me lleva al servicio mientras me comenta que a los músicos no debe faltarnos de nada y que somos el alma de la fiesta. Cuando salgo y le agradezco por tercera o cuarta vez el gesto, el tío pregunta: alguien quiere algo más? y dos más de los que estaban allí se meten también al lavabo y otros dos le piden 2 cubatas consiguiéndolos. Je.
Pasando ya al apartado momentos moros cabe destacar una sobremesa donde empezamos a contar chistes y a decir barbaridades. No me acuerdo bien de como está la cosa que tras decir una parida, Dani me mira todo serio y exclama: joder, ¿has comido payasos o qué? Y bueno, el ataque de risa que nos entra a Jose y a mí que luego se incrementa al escuchar a Harry, al fondo de la mesa, como se deshuevaba también con otra burrada que le había dicho Roses. El resultado es que estuvimos como media hora partiéndonos literalmente el pecho (nos entraron unas agujetas tremendas) y luego varios días recordando la frase de marras.
Tres grandes aportaciones ornitológicas a las fiestas de Castalla fueron el Dodo, el Ne-né y el Zarapito (véase el capítulo de los simpson donde salen los lagartos arbóreos bolivianos).
