Villena '06: primera parte
Llegamos a Villena a eso de las dos y poco de la noche del 4 al 5 de septiembre. Como esa noche no hay que tocar y por la mañana se toca a las 10 (o una barbaridad así), es la noche propicia para pegarle una paliza a la cama y quitarte gran parte del abatimiento que traes de Castalla. Lo que pasa es que, tonto de nosotros, aún estuvimos hasta las 4 de la mañana bambando por la nueva kábila en la que estábamos: la de los ballesteros. Cuando se acabó todo el pescado que había por vender (nada), nos acostábamos. Que ya era horica.
A las ocho y poco todos arriba. Hay que almorzar -con tiempo, ¿eh?- y prepararse para el primer acto de Villena: la entrada de bandas. Al igual que en los anteriores años que estoy yendo allí, me toca salir de abanderado. Luego lo pienso y concluyo que soy el idóneo para el puesto: templao como una vela y dicharachero como el que más. Abanderado de lux, vaya. Nos vamos todos a la plaza y a esperar para salir. Cuando nos toca, pues nada, calle abajo, formados y a desfilar. Al llegar a la tribuna de las autoridades y como ya se hiciera el año de antes, me separé de la formación de la banda para que la reina de fiestas (o musa o fallera mayor o como se llame) me pusiera en la punta de la bandera la banda conmemorativa que reza: Villena 2006, fiesta del pasodoble. Este año de un color malva y una presencia que ya la querría yo para mí.
No recuerdo si por la tarde de ese mismo día ya tuvimos que hacer dos entràs (creo que sí) pero fue una tarde de contar batallitas, chistes, dimes y diretes como cualquier otra. Sin más. Lo más destacable del día es lo que os comento arriba.
Luego, ya por la noche, y tras una ducha reparadora y unos cubatas rápidos en el coche, salimos con rumbo preestablecido de antemano: "la Guarida de los piratas". Una terraza hermosota, grande, amplia, llena de gente y que, de fondo, y como no podía ser de otra manera, tiene lo que es la proa de un barco pirata donde puedes subirte a tomarte unos frescos y observar desde lo alto a la multitud de pequeños grumetes que bailan y se empedorran al son de la orquesta de turno. La verdad es que es el local perfecto para salir por la noche en las fiestas de Villena porque aparte de ser más barato que "La Troya" -su homónimo pero de la filà estudiantes-, está más cerca y se llena de músicos con los que puedes intercambiar historias y, los más suertudos/as, fluidos. Impresionante el ambiente y la chufa con la que llegaba a la kábila a las nosécuantos. Menos mal que un rato después había que tocar una diana reparadora...
